Diario Independiente Digital & Religión

10 enero 2006

La sonrisa de Dios

Muchos hogares se han llenado de alegría durante los días pasados con la llegada de los Reyes, cada gesto de agradecimiento ante la sorpresa de cada regalo. La sonrisa con que los niños han recibido sus presentes, es una manifestación de la apuesta sin condiciones de Dios por la vida, por la vida del hombre, que se construye desde la donación, que se realiza cuando se da y se comparte lo que posee con los demás. Todo lo que no se da, se pierde. Ocurrió en Belén, días después de que la Palabra de Dios se hiciera carne; días después del nacimiento que cambió las horas y los días de los pueblos y de las naciones. Unos hombres, que habían dedicado los mejores años de su vida a buscar la verdad, la paz y la justicia, en un mundo desordenado e inquieto, se encontraron con que Dios siempre sorprende. No se toparon con el rostro deformado de una divinidad que legitima la violencia, el conflicto y la opresión, que no respeta la dignidad de la persona humana. Se encontraron con el rostro, con la mirada, con la sonrisa de un niño. Recibieron la enseñanza de que el Señor de la Historia da siempre más de lo que uno pide. Como nos recordó Benedicto XVI en Colonia, son los primeros de una larga lista de hombres y mujeres que buscan a Dios con los ojos de la estrella; al Dios que se preocupa por nosotros; que no vive ajeno a nuestra existencia. La solemnidad de la Epifanía del Señor es, también una invitación a los creyentes para que renovemos cada día nuestro afán de ser portadores de esa sonrisa de Dios, epifanía de su bondad que busca la felicidad del hombre.

Elena Baeza Villena

Málaga

06 enero 2006

El papa y Jesucristo

El papa, por muy Santidad que se le llame, no es Jesucristo. Es una obviedad. Entre Jesucristo y su representante en la tierra, hay una distancia infinita. La que se da entre el que es la santidad por esencia, tres veces santo, y un pobre mortal, lleno de limitaciones.

El parangón entre ambos es imposible y así lo reconoce el mismo papa y el sentido común de los católicos.

Cada vez que celebra la Eucaristía este papa, como todos sus predecesores, inicia el rito diciendo en alta voz: ”Yo pecador”, golpeándose el pecho tres veces. No hace teatro. Es la verdad. La realidad más real, “porque sólo Tú eres santo, sólo Tú, Señor, sólo Tú altísimo, Jesucristo”.

Ahora bien, aceptando las debilidades y limitaciones humanas del Vicario de Cristo, lo que es exigible, a cualquier persona sensata que critica al Papa, es que no haga demagogia barata al escribir sobre lo que ignora y dar lecciones de ética a Benedicto XVI, tachando su mensaje navideño de vacío. Tal ha sido la soflama del señor José V. Cobo en Estrella Digital, palpable muestra de su atrabiliaria incontinencia verbal y mala fe antipapal y antieclesial.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

04 enero 2006

Lo virtual y lo real

La experiencia la hemos pasado gran parte de los mortales. Estábamos viendo un filme apasionante, cuya trama nos había captado de pies a cabeza. Sentados cómodamente en la butaca, vivimos, durante dos horas, inmersos en los personales avatares de los protagonistas del filme. Sufrimos, nos emocionamos y hasta disfrutamos en una virtual personalidad, ajena a la nuestra. Al concluir el filme, recuperamos nuestra personalidad real . Volvimos a ser nosotros mismos, atados a la realidad cotidiana y circundante. Eso fue todo.

Con el año fenecido, el 2005, todos acabamos de cumplir un año más en nuestra vida. Al estrenar el 2006 iniciamos la cuenta atrás del resto de nuestra existencia.

Ciertas y verdaderas las dos cosas. Permítaseme ahora filosofar unos instantes. Vivimos todos los mortales instalados aquí en la tierra en lo virtual. La presente vida es caduca, como la cinta apasionante que nos subyuga. Dentro de unos pocos años de esta vida terrena, –el tiempo vuela veloz y llega a su fin- todos despertaremos a la única y permanente realidad, la vida eterna, la misma vida de Dios.

Feliz año nuevo virtual que nos acerca a la vida eterna, maravilloso regalo de Dios.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

28 diciembre 2005

Navidad en gracia de Dios

Millones de felicitaciones escritas y orales, con ocasión de la Navidad, van a desearse los españoles de toda clase, ideología y condición, en estos días del año tan señalados.

Sería una pena convertir la felicitación navideña en mero estereotipo o fórmula rutinaria y repetitiva, vaciada de auténtico contenido.

Para los que tengan cierta sensibilidad religiosa o cristiana, hay que recordarles oportune et importune, que la mejor felicidad que podemos desear a los demás, es la que procede de un corazón limpio de odios, rencores, envidias, ambiciones, malos deseos y lleno de amor, paz y gracia de Dios.

Jesús dejó dicho en el Evangelio que Dios no se fija en las apariencias, sino en lo que hay en el corazón de cada hombre y que lo que de verdad mancha al hombre no es lo que entra de fuera adentro, sino lo que sale de dentro afuera como los odios, adulterios, homicidios, malos deseos etc.

La mejor manera de agradar a Dios todos y de celebrar la Navidad, es teniendo el alma limpia de suciedad moral o de pecado, con la paz interior. Sin esto lo demás es filfa. Optima ocasión estas fechas de hacer las paces con Dios y con el prójimo, deseándonos todos una FELIZ NAVIDAD.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

24 diciembre 2005

Navidad en gracia de Dios

Millones de felicitaciones escritas y orales, con ocasión de la Navidad, van a desearse los españoles de toda clase, ideología y condición, en estos días del año tan señalados.

Sería una pena convertir la felicitación navideña en mero estereotipo o fórmula rutinaria y repetitiva, vaciada de auténtico contenido.

Para los que tengan cierta sensibilidad religiosa o cristiana, hay que recordarles oportune et importune, que la mejor felicidad que podemos desear a los demás, es la que procede de un corazón limpio de odios, rencores, envidias, ambiciones, malos deseos y lleno de amor, paz y gracia de Dios.

Jesús dejó dicho en el Evangelio que Dios no se fija en las apariencias, sino en lo que hay en el corazón de cada hombre y que lo que de verdad mancha al hombre no es lo que entra de fuera adentro, sino lo que sale de dentro afuera como los odios, adulterios, homicidios, malos deseos etc.

La mejor manera de agradar a Dios todos y de celebrar la Navidad, es teniendo el alma limpia de suciedad moral o de pecado, con la paz interior. Sin esto lo demás es filfa. Optima ocasión estas fechas de hacer las paces con Dios y con el prójimo, deseándonos todos una FELIZ NAVIDAD.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

Navidad en gracia de Dios

Millones de felicitaciones escritas y orales, con ocasión de la Navidad, van a desearse los españoles de toda clase, ideología y condición, en estos días del año tan señalados.

Sería una pena convertir la felicitación navideña en mero estereotipo o fórmula rutinaria y repetitiva, vaciada de auténtico contenido.

Para los que tengan cierta sensibilidad religiosa o cristiana, hay que recordarles oportune et importune, que la mejor felicidad que podemos desear a los demás, es la que procede de un corazón limpio de odios, rencores, envidias, ambiciones, malos deseos y lleno de amor, paz y gracia de Dios.

Jesús dejó dicho en el Evangelio que Dios no se fija en las apariencias, sino en lo que hay en el corazón de cada hombre y que lo que de verdad mancha al hombre no es lo que entra de fuera adentro, sino lo que sale de dentro afuera como los odios, adulterios, homicidios, malos deseos etc.

La mejor manera de agradar a Dios todos y de celebrar la Navidad, es teniendo el alma limpia de suciedad moral o de pecado, con la paz interior. Sin esto lo demás es filfa. Óptima ocasión estas fechas de hacer las paces con Dios y con el prójimo, deseándonos todos una FELIZ NAVIDAD.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

16 diciembre 2005

El Limbo; superado

La supresión del Limbo por parte de la Iglesia, ha supuesto un alivio para todas las madres creyentes que han sufrido algún aborto.
De hecho, Jesucristo sólo se refirió de forma inequívoca a la condenación eterna (Infierno), al Cielo e indirectamente al Purgatorio. Dicen que en el Cielo no hay nadie a la fuerza, tampoco en el Infierno, al que sólo se llega cuando se muere en estado de aversión a Dios (pecado mortal) sin que medie ningún arrepentimiento. ¿Cómo podría haber alguien obligado a ir al Limbo? Dios quiere que todos los hombres se salven, pero sólo nosotros sentenciamos el lugar donde pasaremos la eternidad. En palabras de Cristo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?"

Eva NordbeckT.
Barcelona

12 diciembre 2005

Tolerancia y libertad

Hay personas muy apegadas, tal vez por su ignorancia, al sentido ambiguo y equívoco de esas palabras rimbombantes, como tolerancia, libertad, progreso, democracia, ilustración etc. que ven en ellas la solución para todos los problemas sociales y políticos.No es muy creíble quien afirma tolerancia y libertad, al mismo tiempo que proclama como autores de las mayores aberraciones y causa de todos los desastres de nuestra historia, nada menos que ¡a los Curas!,siguiendo la rutina y los tópicos del anticlericalismo más rancio y feroz.

Parece que la ley del péndulo ha arraigado en España y que es cierto aquello de que los españoles vamos, alternativamente, unas veces delante de los Curas con cirios y otras detrás corriéndolos a garrotazos,Y ahora, con el viraje a la izquierda y el eslogan del buen talante, algunos se han empeñado en ir detrás, dando a la Iglesia "garrotazos" de aviso con ese absurdo enfrentamiento con un Clero que ha aceptado noblemente el cambio político, como no podía por menos, pero que no hace otra cosa que pedir respeto a sus propios derechos; a su doctrina, seguida por la mayoría de los españoles y ¡al sentido común!

El aborto y el matrimonio entre homosexuales no son ninguna conquista social. El aborto es un crimen; y lo otro, una estupidez que choca hasta con el sentido común.Y quiera Dios que la cosa quede ahí y calmando los ánimos de los españoles quien no los debiera exacerbar –y nombro, sin rodeo alguno, al Presidente del Gobierno- no volvamos, otra vez, a las andadas y los Curas se vean perseguidos a garrotazos y, acaso, a tiros.Que en España se ha levantado una ola furiosa de anticlericalismo, es evidente. Ni los Curas ni los católicos somos perfectos, pero se quiere ver en la conducta de algún miembro de la Iglesia, ciertamente repudiable, una nota común a toda la Iglesia.

Decir que la Iglesia Católica es el gran cáncer del mundo y una gran empresa que sólo busca la rentabilidad económica y que predica una moral más falsa que sus propios miembros, no deja de ser una afirmación falsa, una infamia, una zafiedad y una verdadera intolerancia.Quienes tales cosas afirman debieran fijarse en la inconmensurable labor cultural y social que la Iglesia ha desempeñado a través de la historia y en el ejemplo sublime que dan esos Sacerdotes y religiosos anónimos a la cabecera de ancianos y enfermos incurables y cobijando con su desprendimiento a tanto niño hambriento en esos Países del Tercer mundo, donde inútilmente esperan que alguna vez lleguen hechos realidad los Acuerdos de esas Cumbres de los Países democráticos, solidarios, progresistas e ilustrados.

Dos milenios lleva la Iglesia subsistiendo a pesar de los "garrotazos" que sufre. Es buena prueba de pervivencia.Como dijo Jesucristo que las puertas del infierno no prevalecerán, podemos seguir tranquilos.

JOSE JURADO SALDAÑA
Sevilla

11 diciembre 2005

Cuerpos y almas

Según la enseñanza de la Iglesia católica, toda persona está formada de parte material llamada cuerpo y parte espiritual, llamada alma. En el momento de la concepción, Dios crea el alma, que unida al cuerpo, forma la persona única e irrepetible.

Al separarse el cuerpo del alma, sobreviene la muerte. El cuerpo, como materia que es, se corrompe y desaparece. El alma como espíritu que es, no puede morir (inmortal) y pervive, esperando la resurrección del último día, en la que, por el poder de Dios, se unirá a su cuerpo transformado. Todos, pues, estamos llamados a vivir para siempre.

Es evidente que ahora, toda persona debe cuidar tanto de su cuerpo como de su alma. Ya los antiguos romanos tenían como lema de su vivir presente aquello de “mens sana
in córpore sano”.

Aquí radica la principal diferencia entre humanos, según el distinto trato que cada uno dispensa a su cuerpo y a su alma. Desde la persona que vive pendiente sólo de su cuerpo, descuidando casi por entero su alma o también al revés. Ninguna de las dos posturas parece la correcta. En el equilibrio, justo medio, está el acierto y felicidad

Siendo el cuerpo mortal, caduco, perecedero, su deterioro es imparable para todos. Al ser el alma espiritual, inmortal y eterna se debería robustecer y cuidar más y mejor.

He aquí la tarea personal que a todos nos incumbe mientras vivimos.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

29 noviembre 2005

La Eucaristía, promesa de la felicidad

La semana pasada se clausuró el Primer Congreso Eucarístico Internacional en Murcia, al que asistieron más de dos mil personas. El cardenal Jozef Tomko Presidente del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales presidió la Santa Misa, en la que destacó la grave situación que viven los cristianos en Europa y Occidente, en nuestros ambiente se vive una crisis de fe, progresa la descristianización, se pone en juicio la milenaria civilización cristiana, se ataca la religión. En otras cuestiones, señaló la destrucción de la familia, las leyes inicuas impuestas por Parlamentos o Gobiernos, que violan los derechos humanos, fundamentalmente el derecho a la vida. La respuesta de los cristianos debe ser la de promover una cultura eucarística de la que parta la nueva evangelización de Europa, ya que la humanidad actual y futura necesitan una cultura basada en la vida y en la paz, no en la muerte ni en el odio.

En otras de las conclusiones nos recuerda que la Eucaristía, donación total, amorosa y gratuita de Jesucristo, que destierra el odio, el egoísmo y la violencia, origina una nueva cultura, una “cultura eucarística”, que pone a Dios en el centro de la existencia y lo reconoce con gratitud como principio y fin de todas las cosas. Esta cultura engendra el respeto de la vida humana, el reconocimiento de la dignidad inalienable de cada uno de nuestros prójimos y el cuidado de la creación. Nuestra vida se torna así donación y entrega, manifestadas en un sincero amor fraterno y en un serio compromiso por la paz, la justicia y la reconciliación universal en Cristo.

La última de las conclusiones manifiesta que frente a un mundo cerrado sobre sí mismo, atento sólo a lo inmediato y efímero, que fácilmente sucumbe ante el sufrimiento y la muerte, la Eucarística es promesa de resurrección y prenda de felicidad plena y eterna.

Elena Baeza Villena
Málaga

Pecados contra Dios

Es curioso el constatar las argucias que se emplean en la vida actual para no llamar a las cosas por su nombre y tratar de camuflar su realidad o existencia. Tal pasa con el tema del pecado. No es lenguaje políticamente correcto hablar, hoy día, del pecado.

No obstante, ninguna otra realidad hay tan extendida, visible y perniciosa entre los humanos, dentro y fuera de ellos, como el pecado o corrupción moral. Al pertenecer éste a un orden espiritual y definirse como “ofensa libre y voluntaria contra Dios o su Ley”, piensan algunos que el modo mejor de vivir en paz (¡?), es, desoír la conciencia –voz de Dios- o negar la existencia del Absoluto.

Para estos tales, el bien o el mal es algo relativo o subjetivo, que cada uno acomoda a su sentir, gusto o voluntad, sin dependencia de normas objetivas. Todo pecado, según la Biblia, hace relación a la libertad personal, y aparece, desde el inicio del existir humano. Por revelación también sabemos que por el mal uso del libre albedrío de Adán y Eva, entró el pecado en el mundo y con él la muerte.

Los pecados que claman al cielo y que ofenden gravemente a Dios, son, según la Biblia: El homicidio (Gn.4,10), la sodomía (Gn.18,20 y ss), la esclavitud (Ex 3,7-10), oprimir al pobre y a la viuda (Ex 22,20-24), defraudar el salario al obrero (Dt.24, 14-15). El N.T señala otros pecados contra el decálogo, como el escándalo, la simonía, la idolatría, la fornicación o el adulterio que igualmente ofenden a Dios.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

24 noviembre 2005

Cristo, rey de burla

Nadie le tomó en serio mientras vivió en la tierra. Ni los suyos, ni los judíos, sus paisanos, menos aún los fariseos y sacerdotes, ni siquiera Poncio Pilato, el gobernador.-“¿Con que tú eres Rey”?- “Tú lo has dicho, yo soy Rey”.”Mi reino no es de este mundo”.

Efectivamente: ¿Dónde estaban sus ejércitos, sus armas, sus conquistas, su palacio, su trono, su corona, sus súbditos?.Decididamente, aquel Jesús ,el nazareno, parecía solo un perturbado, un loco, un agitador social, un impostor... Así lo trató el procurador romano, el rey Herodes, los mismos dirigentes del pueblo.

El infamante letrero clavado sobre la cabeza del crucificado, así lo indicaba. INRI.(Jesús Nazareno Rey de los Judíos). Cristo fue objeto de burla, de irrisión, de escarnio, incluso en el momento de su muerte... Lo dicho, nadie le tomó en serio.

No obstante el no mentía, era la misma Verdad, él era y es Rey del universo. Rey de todo lo existente, de toda realidad terrena y trascendente. El –así lo anunció- “vendrá un día sobre las nubes del cielo como juez y señor de vivos y muertos y ante él se doblará toda rodilla en el cielo, en la tierra y en abismo y su Reino no tendrá fin”.

¿Quién cree hoy en su palabra, en su reino?.Para muchos sigue siendo todo una farsa, una burla de mal gusto.¿Quién le toma en serio?. No obstante él también lo dejó dicho:

“El cielo y la tierra pasarán. Mi palabra no pasará”. Está escrito: Cristo volverá revestido de gloria y majestad a dar a cada uno según sus obras, a poner a cada uno en su sitio y todos lo reconocerán como Rey y Señor de cielo y tierra. Entonces ya no será objeto de burla, de marginación, de escarnio. Todos le tomarán bien en serio. Y tú.. ¿has tomado ya partido?

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

15 noviembre 2005

Carlos de Foucauld

Dios no hace ruido para actuar en medio de los hombres. En el silencio y en la soledad sigue llevando a cabo su plan de salvación universal, repitiendo la vida oculta que tuvo su hijo en Nazaret.

Un hombre francés, nacido en 1858 de noble alcurnia, huérfano de padre y madre, ateo profeso y convencido, universitario, luego convertido a la fe católica, llegó a ser sacerdote y eremita ejemplar, entre los tuaregs del desierto africano, es hoy propuesto como modelo para los hombres del siglo XXI.

Su nombre, Carlos de Foucauld, beatificado por el papa Benedicto XVI el domingo 13 de noviembre de 2005, seguirá hablando con el silencio y la soledad de su vida singular escondida en Cristo a quienes se encuentren con él. “En el mismo momento en el que creí que existía Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa más, que vivir para él “(Carta 14/8/1901).

Su casa, humilde tienda beduina, estuvo abierta a todos. “Dar hospitalidad a todo el que llega, bueno o malo, amigo o enemigo, musulmán o cristiano”. Fue para todos, judíos, ateos, cristianos, musulmanes, creyentes o idolatras, el hermano universal.

Murió solo, asesinado el 1 de diciembre de 1901. Su oración más repetida como lema y testamento: ”Padre, en tus manos me pongo. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias”. Hoy, al que vivió y murió solo, le siguen miles de Hermanitos y Hermanitas de Jesús del Evangelio, Fraternidades de Jesús, escondidos y abiertos a todos, en los sitios más ocultos del planeta.

Dios, a través de sus Hijo y de sus hijos más pequeños, sigue obrando su plan de salvación universal.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

11 noviembre 2005

Liberté, egalité, fraternité

Debería quedar bien claro para toda persona medianamente culta, que el socorrido lema que como bandera reivindicativa, se propagó con le Revolución francesa, que tantos ríos de sangre produjo y que quiso arrasar con LA RELIGIÓN, fue un fraude y apropiación indebida al nombre y religión cristiana.

Siglos antes de que el pueblo francés, el 18 de Julio de 1789, tomara la Bastilla y el 26 de agosto se votara la Declaración de los derechos del hombre y los violentos y temidos revolucionarios Danton, Marat y Robespierre llevaran a la guillotina a centenares de víctimas, bajo el falso estandarte de igualdad, libertad y fraternidad, estos ideales eran vividos en el siglo I por miles de seguidores de Jesús de Nazaret en el mundo entero.

Sin imposiciones de ningún género, sin violencias ni derramarse una sola gota de sangre sin más Declaración que las Bienaventuranzas de Jesús, los primeros cristianos vivieron en su dura existencia, la enseñanza y ejemplo de su divino Maestro, Jesucristo, como verdaderos hermanos en libertad, amor y plena igualdad entre ellos.

Ni posteriormente la revolución soviética, con los infaustos “liberadores” rojos Marx, Lenin, Stalin, Jruschov, Brezvev, Mao etc , supieron hacer otra cosa que sembrar el odio, la desigualdad y la muerte entre millones de seres humanos. Todo por erradicar la religión y el nombre bendito de Dios en la mente y corazón de los hombres.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

06 noviembre 2005

Proclamar a Jesucristo

Con el máximo respeto y desde mi condición de católico comprometido, sugiero a los hermanos protestantes españoles como también a la Jerarquía y católicos, que en vez de dedicar tanto tiempo unos como otros a tantas asambleas, reuniones, simposios etc..para tratar sus propios problemas internos, se percaten que lo que demanda HOY el hombre de la calle, la sociedad y el mundo entero es que se les DÉ A CONOCER A JESUCRISTO COMO ÜNICO SALVADOR Y SU EVANGELIO.

Esto debería ser para todos los CRISTIANOS lo fundamental y no perderse en dibujos, ante el panorama de ignorancia, desconocimiento y alejamiento de Dios del hombre moderno.

Sin esta esencial preocupación, HECHA REALIDAD no se está siendo fieles al mandato divino de "ID Y ENSEÑAD CUANTO OS HE MANDADO".
A mi modo de ver sobran DOCUMENTO, REUNIONES, SÍNODOS, CONGRESOS E INCLUSO ALTAS ASAMBLEAS si no se cobra conciencia de la situación en que nos encontramos aquí en España y en todo el mundo.

Todos unidos manos a la obra.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón

27 octubre 2005

DIOS COMO PREGUNTA, NO COMO RESPUESTA

La historia de las religiones, al menos en Occidente, es la historia del gozo y de la tragedia, de la grandeza y de la miseria, de lo más bello y de lo más horrendo: una historia de santidad y de crimen, de libertad y de intolerancia.

La historia de las religiones es, en definitiva, la historia de los hombres y mujeres que a lo largo de milenios han buscado respuestas a sus interrogantes más profundos. Siempre he considerado la religión como una expresión legítima de ese constante preguntar que define el ser humano. Pero nunca la he considerado la única vía legítima. Filosofías, sistemas de pensamiento, culturas diversas…, pueden actuar como sustitutos o, en mi sincero juicio, como complementos necesarios a la religión en cuanto tal.

Si queremos que nuestro mundo, que aspira a progresar, a superar a lo anterior, a hacer en muchos casos borrón y cuenta nueva para abrir horizontes totalmente genuinos de reflexión y de apertura; si queremos un mundo más humano, más esperanzado en las posibilidades del ser humano y en sus logros efectivos, donde la idea dominante sea la de fraternidad y solidaridad, que adquiere fuero en instituciones y civilizaciones, hemos de repensar la religión. Actualmente, la religión está de moda. No en cuanto convicción o práctica, sino en cuanto objeto de interés y de curiosidad. En Occidente asistimos al auge de religiones y de espirituales de procedencia oriental, al surgimiento de sectas y de grupos inspirados en la New Age, a una relativa revitalización del Cristianismo en amplios sectores de América…, pero también a la decadencia más dolorosa y sonora de lo religioso en Europa occidental, la que antaño fuera promotora de evangelizaciones en todo el mundo.

Y es que, en efecto, el hombre de nuestros días se plantea interrogantes nuevos, peor en el fondo, análogos a los de sus antepasados. Si las religiones quieren tener sentido hoy y sobrevivir, escapar del frío sótano en que se encuentran ahora, sumidas en la desesperación de la sangría imparable de fieles y de la pérdida de confianza, deben replantearse su papel, su origen y sus fines. Las religiones no pueden aspirar a constituir la única vía de expresión de la pregunta que define al ser humano, el único canal para nuestras ansias y anhelos de algo que nos trascienda. La pluralidad, que existe entre ellas mismas y más aún entre las formas culturales de la Humanidad, exige hoy meditar con seriedad, con rigor pero con apertura de mente el papel de la religión.

¿Por qué tomar al hombre de nuestros días como referente? Ciertamente, casi todas las religiones tienne como fundamento acontecimientos supuestamente históricos que, en cualquier caso, representan la fuente de la que manan sus tradiciones y sus creencias. En este sentido, toda religión posee una aspiración supra-histórica, afirma ser independiente del decurso histórico y se enorgullece de basarse en lo pasado para, desde ello, mirar al futuro. Una religión comprendida sólo desde esa óptica es incapaz de asimilar el moderno concepto de progreso, la convicción de que es el hombre quien hace la Historia y el futuro, y de que el pasado no tiene por qué determinar el futuro, sino en todo caso iluminarlo. Las religiones deben esforzarse por desarrollar una teología de la Historia y del tiempo que integre lo tradicional con lo progresivo, lo originario con lo dinámico, porque, en realidad, no hay más tiempo que el ahora, y en cada ahora se resume todo lo pasado y se comienza todo lo futuro.

Pero, más aún, las religiones deben plantearse qué imagen de Dios transmiten al hombre. Un Dios que funcione como una respuesta a todos los problemas e interrogantes de la Humanidad, un Dios que no deje resquicio para la duda y que sólo ofrezca seguridad, intelectual y práctica, no puede ser el Dios del Amor del que hablan tantas confesiones.

Urge, en suma, llevar a cabo una revolución en lo religioso, que nos ofrezca un Dios-pregunta y no un Dios-respuesta: no un Dios que responda a todos los enigmas de la Ciencia y del intelecto (desde el origen del Universo hasta la Evolución, desde el porqué de las sociedades hasta el modo en que éstas deben organizarse), sino un Dios que avive las preguntas más propiamente humanas y que, ante todo, nos transmita “fe, esperanza y caridad”. Un Dios que, como pregunta de las preguntas (el Dios-Amor), camine junto a los hombres y mujeres de todo tiempo siendo partícipe de sus interrogantes y angustias. Un Dios a quien no le son ajenos ni los hombres ni sus ansias.
Carlos Blanco es colaborador de medios y orientalista.

Cristianos y católicos

Se percibe cierta confusión en el uso de los dos términos, incluso en personas de cierta cultura y formación. Se precisa clarificarlos para no incurrir en equívocos. Ante todo, hay que precisar que no son conceptos idénticos ni opuestos. A veces, sí son equivalentes y siempre tienen mucho en común.

Todos los católicos son cristianos, pero no todos los cristianos son católicos.

Coinciden en que ambos aceptan la divinidad de Jesucristo como único Señor y Salvador de sus vidas y permanecen unidos a él por medio de la fe y del bautismo.

Entre cristianos se dan diferencias, según la confesión a que pertenezcan: católicos, ortodoxos, anglicanos, protestantes con multitud de ramas.

Católicos son los cristianos que, además de estar bautizados y no haber apostatado de su fe, tienen al Papa como sucesor del apóstol S.Pedro y le aceptan como Vicario de Cristo en la tierra. Supone respeto y obediencia al Papa, máxime en cuestiones esenciales de fe, como los dogmas y en aspectos importantes de moral.

El verdadero católico sabe que no se puede separar a Cristo de su obra, que es la Iglesia fundada sobre Pedro y sus sucesores. Quien rechaza a la Iglesia, rechaza a Cristo y quien apostata de su fe deja de ser cristiano. La fe no se impone, sino se propone y cada uno, de adulto, es libre de aceptarla o rechazarla.

Miguel Rivilla San Martín
Alcorcón.

20 octubre 2005

En muchos países vivir juntos fuera del matrimonio se está convirtiendo en una opción cada vez más popular. Pero puede implicar altos costes sociales y emocionales, dice un estudio publicado por el Instituto Vanier de la Familia de Ottawa (17/9/05). La autora, Anee-Marie Ambert, reúne los resultados de cientos de documentos de investigación que han examinado los efectos sociales, emocionales y financieros de la cohabitación y el matrimonio sobre hombres, mujeres, niños y sociedad.

La cohabitación, suele considerarse que exige menos responsabilidades a nivel legal y financiero, y menos fidelidad que el matrimonio. En los últimos años, sin embargo, las parejas de hecho han buscado y obtenido derechos similares a los de las parejas casadas, en áreas como propiedad, asistencia sanitaria, planes de pensiones, y ayuda a los hijos.El estudio cita datos que muestran que la cohabitación, de hecho, lleva a índices de divorcio más altos.
El estudio cita datos que muestran que la cohabitación, de hecho, lleva a índices de divorcio más altos.Además, algunos estudios indican que las parejas casadas que vivieron antes juntas son menos fieles en sus vidas sexuales. Y es de todos conocido que la falta de fidelidad lleva, muchas veces, a índices más altos de rupturas matrimoniales.
Otros estudios muestran que las parejas que han cohabitado tienen un comportamiento menos positivo a la hora de resolver problemas y, por lo general, se apoyan menos el uno al otro que quienes no han cohabitado. Los investigadores han encontrado que las parejas que habían cohabitado antes del matrimonio, tienen índices más altos de violencia premarital que quienes no habían vivido juntos. Esta violencia premarital que conduce a niveles más altos de violencia doméstica, otro factor relacionado con el divorcio.
(N.B .Este escrito es un extracto de otro más amplio publicado por la Agencia Zenit el 15 de octubre )
Miguel Rivilla San Martín.
Alcorcón.

Benedicto XVI

Hoy, el Papa Benedicto XVI, día en que se cumplen seis meses de su elección, ha celebrado su tradicional audiencia general ante más de 50.000 fieles, a los que les ha dicho “Dios no es un soberano inexorable que condena al culpable, sino un padre amoroso al que debemos amar por su bondad siempre dispuesta a perdonar” y aseguraba que se debe amar a Dios, “no por el miedo a un castigo sino por su bondad siempre dispuesta a perdonar” y citaba a San Ambrosio al indicar que “ninguno pierda la confianza, ninguno desespere de las divinas recompensas, aunque le remuerdan pecados antiguos. Dios sabe cambiar de parecer, si tú sabes enmendar la culpa”.

Una reflexión que en nuestros días nos viene muy bien recordar que Dios nos concede siempre su perdón, pero también nos dice que nosotros empleemos el mismo perdón con los demás, ya lo rezamos en el Padrenuestro, “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Que diferente sería este mundo si antes de tomar una decisión, reflexionáramos sobre la oración del Padrenuestro, podríamos intentarlo.

Elena Baeza Villena
Málaga

13 octubre 2005

La Iglesia siempre ha sido la primera

A los que se empeñan en repetir que la Iglesia le ha dado por tomar la calle y por sostener pancartas, en lugar de soluciones, quiero decirles: Que la Iglesia lleva siglos ayudando y atendiendo pisando el barro, llevando una palabra que pueda ser levadura en la cultura de cada tiempo y lugar. Saciando el hambre espiritual y compartiendo el pan entre los más necesitados. La Iglesia mantiene siempre firme sus convicciones, sin tener que recurrir a la improvisación diaria y predica con el ejemplo cada vez que un ser humano se encuentra en aprietos. Antes que existiera la valla de Melilla, la Iglesia estaba en el estrecho para prestar ayuda a las pateras que venían buscando el paraíso prometido.

La Iglesia ha sido una de las primeras en socorrer a las víctimas del terremoto que ha causado ya 33.000 muertos en Pakistán y 1.300 en la India. Los equipos de Caritas han instalado su campo base de operaciones en el colegio diocesano de San José en Baramulha, donde la Iglesia católica regenta un hospital que ha sido puesto totalmente a disposición de los heridos en la catástrofe.

Hay datos que no necesitan explicación, la Iglesia está en la calle, desde hace dos mil años, dando también ejemplo a aquellos que, recién llegados, caen en la tentación de inventarse la historia con el único objetivo de que gire en torno a ellos.

Elena Baeza Villena
Málaga

05 septiembre 2005

UN CARDENAL SABIO

Carlos Blanco

El Colegio Cardenalicio (que, como se dice, constituye, junto con la Cámara de los Lores y el Jockey Club de Buenos Aires, el círculo más elitista del planeta: ¿le habría gustado a Jesús de Nazareth esta broma?), esconde sorpresas. Una de ellas era, sin duda, la del cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI. De la Baviera profunda, hoy se sientA en la Sede de Pedro, convirtiéndose en uno de los primeros teólogos “de raza” en ocupar tal cargo. Un sabio, sin duda, un intelectual de gran prestigio que mantuvo un sonado debate con el filósofo J. Habermas y que, más allá de las polémicas que haya podido suscitar por sus intervenciones cuando estaba al frente de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, representa, a mi juicio, a la sabiduría de la Vieja Europa que trata, casi agónica, de proponer soluciones nuevas para la crisis de la Iglesia y el avance de la secularización.

Pero este artículo no versa en torno al Papa. Me siento todavía incapaz de valorar una figura tan compleja y a la vez tan importante en muchos aspectos. Prefiero, de modo más aséptico, llamar la atención sobre un cardenal que, aunque con posibilidades reales (como ha llegado a reconocer Mons. Fellay, el cismático líder de los fósiles lefebrianos, que ayer se reunió con Benedicto XVI para intentar su reintegración en la Iglesia -¿a qué precio? ¿Al precio de sacrificar los altos ideales del Vaticano II en temas como la reforma litúrgica o el ecumenismo? ¿No sería más importante reintegrar a otras facciones más honrosas, serias e inteligentes como los veterocatólicos de Utrecht o los sectores progresistas alejados del Magisterio papal? Sin duda, también aquí Benedicto XVI buscará diálogo, o al menos así lo espero), no salió elegido: el cardenal C.M. Martini, de la Compañía de Jesús.

C.M. Martini (1927-...) es un sabio. Típico sabio jesuita, de esos que, al estilo de Teilhard de Chardin, de Henri de Lubac o de Athanasius Kircher, maravillaban al mundo con sus conocimientos y con su apertura universal a ciencias y culturas. Antiguo arzobispo de Milán, hoy retirado y centrado en sus estudios bíblicos, fue rector del Pontificio Instituto Bíblico y uno de los cinco editores (junto al prestigioso K. Aland, de Münster) de la edición griega del Nuevo Testamento. Autoridad indiscutible en teología bíblica y en exégesis neotestamentaria, es uno de lo intelectuales católicos más importantes del siglo XX. No en vano se le concedió el premio Príncipe de Asturias en 2000, y es miembro de diversas academias. Probablemente nadie en el colegio cardenalicio, excepto el hoy Benedicto XVI, estaba intelectual y teológicamente tan preparado como este jesuita italiano. Y, desde luego, nadie como él en el susodicho colegio en lo que respecta a exégesis bíblica contemporánea. C.M. Martini ha escrito mucho, pero a mí me impresionó su libro ¿En qué creen los que no creen?, junto con U. Eco, uno de los principales pensadores de nuestro tiempo (del “Consejo de Sabios” de la ONU, catedrático en Bolonia y autor de El nombre de la rosa. Fue católico, de hecho su tesis giró sobre la semiótica de Tomás de Aquino, pero luego, por avatares de la vida nada infrecuentes, se hizo agnóstico). En él se tratan cuestiones tan diversas como el sacerdocio femenino o, más relevante, la discusión entre éticas religiosas o éticas laicas. Y aquí, su Eminencia despliega todo su talento filosófico y teológico, citando, entre otros, a Hans Küng, al decir que sin lo incondicionado, ¿no pierde acaso el hombre su dignidad? He de decir que, en este aspecto, y a pesar de considerarme profundamente católico, no comparto la línea argumental del cardenal. La Ética no necesita de un Ser Supremo para justificarse y constituirse. Es la persona misma, en su reflexionar y en su actuar, quien da base a lo ético y a lo moral. Aquí, como en tantas otras cosas, Kant es el maestro. La Ética no puede partir, en principio (aunque luego sí las pueda incorporar) de consideraciones religiosas o teístas, sino del hombre y de la mujer como seres libres que piensan y actúan. Y la Ética será, de este modo, un desarrollo de las condiciones de posibilidad que permiten que todos seamos libres, actuemos y pensemos, respetando la libertad ajena y promoviendo la cooperación y el bien común. Y, para los creyentes, Dios sigue siendo fuerza, impulso sin igual para afrontar el gran desafío ético: vivir.


 
Estadisticas y contadores web gratis
Manuales Oposiciones